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Məxico - Internship

05/02/2018

No solo se aprende y vive en inglés en Harvard.

El ciclo pasado, como parte de los programas internacionales que ofrece Harvard, me enteré sobre el January Internship Program que ofrecía el David Rockefeller Center of Latin American Studies (DRCLAS) para diversas partes de Latinoamérica. En mi caso, con muchas dudas e incertidumbres en la cabeza por lo que realmente debería de hacer en vacaciones y cambiando mis planes de la noche a la mañana, finalmente apliqué a un programa en la Ciudad de México (CDMX) para realizar una pasantía durante el mes de enero 2018 y pude ser aceptado. En total fuimos 30 estudiantes de diversas escuelas de Harvard – 24 de college y 6 de maestría - que accedimos a la increíble aventura del Winternship de DRCLAS en CDMX. Una aventura de mucho trabajo, aprendizajes, reuniones y alegrías.

 

Imagen 01. Fuente David Rockefeller Center for Latin American Studies (DRCLAS) Fanpage - Facebook.

 

En mi caso, se me dio la gran oportunidad de colaborar con el Banco Interamericano de Desarrollo para el programa de Ciudades Sostenibles y Emergentes (CES) liderado por dos capazos en temas urbanos que son Adriana Chávez y Javier Garduño. Fue una muy buena experiencia donde tuve la suerte de tener a Kimberly como partner y presentar juntos un buen trabajo al final. Es sumamente interesante cuando más allá de teorías urbanas, en la práctica ya se tiene una metodología de trabajo para evaluar las ciudades y planificar su desarrollo a partir de una visión concertada entre ámbitos urbanos, sostenibles y fiscales-gubernamentales. (Por si alguien está interesado, esta es la guía metodológica de CSE del BID)

 

Sin embargo, México no fue solo la pasantía, ¡el equipo de DRCLAS y el grupo de pasantes lo hicieron sumamente especial! Los fines de semana o las noches eran los momentos ideales para conocer una maravilla Teotihuacana, apreciar el paisaje de Chapultepec, saborear el poder exquisito de los tacos, alentar al América ante los pumas, perderse en un sueño con los voladores de Papantla en Cholula, conocer increíbles personas, divertirse en la lucha libre, saber que el mezcal le puede hacer la competencia al pisco, arriesgarse al ritmo “crunchy” de los chapulines, comer un helado/paleta en el parque y simplemente disfrutar de los 20 grados Celsius que la vida nos daba, y bailar perdiéndose entre los ritmos que Pata Negra nos ofrecía.

 

CDMX la tiene clara. Fue muy grato también salir a correr un domingo y darte cuenta que la ciudad se vuelve literalmente de tod@s, pública, con un rico desborde popular que da vida a los espacios públicos, que da alegría a los niños y niñas, que hace bailar a los mayores más valientes, y que hasta genera pequeños arcoíris de alegría.

 

Imagen 02. Alameda Central.

 

Pero México tenía algo más guardado, se volvió progresivamente muy especial. México significó una linda sonrisa cada mañana, una mirada que pintada todo de verde esperanza, un delicioso pozole sin babero, un dulce necesario para cada día, un nuevo ritmo/baile que a veces necesita la vida y deje afuera toda la rutina a la que a veces estamos acostumbramos. ¡Gran internship, grande Məxico!

 

 

 

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© 2017 - Eduardo Peláez

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